
Jaume Vives
Hoy iniciamos una serie de seis artículos sobre la persecución que sufren actualmente los cristianos en todo el mundo. Pero para adentrarnos en esta sangrante realidad conviene primero mirar al pasado para que nuestro modo de observarla no sea ingenuo ni desesperanzado.
Desde el principio Jesús dejó claro a los suyos que seguirlo no iba a ser un paseo ni una costumbre dominical, más bien iba a suponer un choque frontal con el mundo, una manera muy incómoda de estar en la vida. “Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” Jn 15, 20. No es más el discípulo que el maestro. Y para acabar de ilusionarlos les dijo: “En el mundo tendréis tribulación; pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” Jn 16, 33.
A sus seguidores nunca les prometió comodidad, y el tiempo enseguida le dio la razón. Esteban cayó el primero (Hch 7, 59) y con él se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Poco a poco fueron cayendo los apóstoles, quienes pudieron comprobar en carne propia que las advertencias de Jesús no eran metáforas. Santiago el Mayor fue “pasado a espada” por Herodes (Hch 12, 2). Pedro, encarcelado, azotado y crucificado boca abajo, Andrés, también crucificado en forma de aspa, Tomás, atravesado por lanzas, Felipe, colgado, Bartolomé, desollado y decapitado, Mateo, asesinado, Santiago el Menor, despeñado y rematado a golpes, Simón el Zelote y Judas Tadeo, martirizados en tierras orientales… Sólo Juan se libró del martirio, pero no de la persecución, desterrado en la isla de Patmos por su fidelidad a Dios.
La vida de Pablo, que no formaba parte de los doce, era la encarnación de esa persecución que el Señor había predicho desde antiguo: “Por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes” (Mt 10,18). Él mismo lo resume así: “en cárceles, más veces; en azotes, abundantes; en peligros de muerte…” (2 Co 1, 23-27). Lo apedrearon hasta creerlo muerto (Hch 14,19) y según la tradición fue decapitado en Roma.
Y no fueron menos los setenta y dos discípulos enviados por Jesús “como ovejas en medio de lobos” (Mt 10,16), pues aunque la Escritura no conserva sus destinos, las tradiciones más antiguas sí. Apaleados, lapidados, colgados…
“Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan por mi causa” (Mt 5,11) no es una frase con garra o un eslogan impactante, es el ADN del cristiano, el único camino transitable, la realidad inseparable de los que siguen a Jesucristo.
Y conviene tenerlo claro antes de comenzar esta serie de seis artículos sobre la persecución religiosa hoy en el mundo, porque eso debe conformar nuestra mirada sobre esta realidad que hoy como ayer sigue presente en la vida del mundo católico. Aquí no trataremos de ver de qué modo podemos solucionar este estrecho vínculo entre Iglesia y persecución (que se ha demostrado indestructible) sino de contar en qué situación se encuentran hoy los cristianos. Y al que sea católico lo que le queda es observar esta realidad con los ojos de la fe, con una mirada sobrenatural, agradeciendo, como tantas veces hacen los cristianos perseguidos que he tenido el privilegio de conocer, los provechos espirituales fruto de la persecución. Y, por supuesto, y porque estamos bien hechos y también amamos esta vida, pidiendo al Señor que no nos haga beber de ese cáliz que parece inevitable.
Actualmente en el mundo hay aproximadamente 380 millones de cristianos que sufren niveles altos de persecución (un aumento de 15 millones en un solo año), o lo que es lo mismo, 1 de cada 7 cristianos en el mundo. De esos, 310 millones sufren niveles muy altos o extremos. Y esa persecución se da en un total de 62 países que suman 5,4 mil millones de personas, representando alrededor del 64% de la población mundial .1
A los tradicionales sistemas de persecución hay que sumarle uno muy novedoso: la persecución digital, que “está emergiendo como un mecanismo de control para los estados autoritarios, en un espacio digital cada vez más utilizado como arma. China emplea y exporta sistemas de vigilancia basados en IA para rastrear, monitorizar y reprimir a minorías religiosas, y ha impuesto el uso de cámaras de reconocimiento facial en las iglesias registradas por el Estado”2.
En la región africana del Sahel la violencia islamista ha expulsado a más de 3 millones de personas de sus hogares, y Boko Haram ha comenzado a usar drones para cazar cristianos que huyen para salvar sus vidas.
Y esa persecución no sólo se circunscribe a sus lugares de origen, continúa también en los lugares en los que se ven obligados a desplazarse, siendo discriminados en las ayudas, excluyéndolos por ejemplo de los programas gubernamentales de ayuda como en el estado nigeriano de Borno o en Yemen.
Y añadimos algunas cifras más para tomar conciencia de la magnitud del problema. Durante el año 2025 fueron agredidos sexualmente, acosados o forzados a casarse con no cristianos un total de 3.944 cristianos, de los cuales se estima que 500 en Siria. Han muerto asesinados 4.476 cristianos, 3.100 de los cuáles en Nigeria. 4.744 han sido detenidos o condenados por motivos relacionados con su fe. De esos, más de 2.000 en la India. Ha habido 28.368 ataques contra hogares, comercios y negocios cristianos. La mayoría en el África subsahariana. 54.780 han sido golpeados y han sufrido abusos físicos o mentales, muchos en Pakistán. Y 209.771 han sido obligados a abandonar su hogar o exiliarse, casi un 20% en Myanmar.
A nadie se le escapa que si se sustituyera “cristianismo” por cualquier otro colectivo el escándalo sería mayúsculo y a nivel mundial no se hablaría de otra cosa. Pero la misma razón por la que la Iglesia siempre ha sido (y será) perseguida, es por la que esa persecución causa tan poco escándalo. El mundo no quiere la cruz. Pero como reza el lema de los cartujos, “Stat crux dum volvitur orbis” (la cruz permanece firme mientras el mundo gira).
- https://www.ayudaalaiglesianecesitada.org/informe-libertad-religiosa ↩︎
- https://media.opendoorsuk.org/document/pdf/WWL-2025-Advocacy-Report.pdf ↩︎